Por lo general me gusta hacer análisis de discos, videojuegos, películas, etc. ademas de eso, me gusta mucho poner una nota a todo lo que analizo, y eso pensaba hacer con la película que hablare a continuación, “Azul y no tan Rosa”, pero ponerle una puntuación a esta trabajo seria un insulto a su director (Miguel Ferrar), a sus actores y todo el equipo tras el, sencillamente esta magistral obra no se puede cuantificar, así que solo me limitare a hacer un análisis desde mi punto de vista sobre esta magnifica película, de la cual acabo de llegar de ver por tercera vez, porque sencillamente no quería hacer esta entrada con apenas haberla visto una vez, queriendo asegurarme así de haber visto, sentido y vivido todos los detalles de la misma.

Como venezolano no se me es fácil hablar del cine de mi país, porque muchas de las producciones se han centrado en plasmar aspectos negativos de nuestra sociedad y de formas tan vulgares como poco originales, y aquellos películas que han tratado de tocar otros tópicos no lo hacen de una forma solida, desde mi punto de vista, las películas venezolanas siempre les ha faltado “algo” o “mucho” la verdad lo que me ha hecho repudiar mucho el cine venezolano, y creo que mucha gente de mi país que me lea podrá estar de acuerdo con lo que digo. Sin embargo hace tiempo, y la verdad no recuerdo como, supe de que iba a salir esta película, Azul y no tan Rosa, que tendría ciertos tintes de temática homosexual (que por cierto son temáticas muy poco comunes en producciones venezolanas), me dio curiosidad y decidí ver el trailer y dije, sorprendido por lo que dejaba ver, “se ve buena”, algo que nunca había dicho de una película venezolana. A dos semanas de que se estrenara la película fui con una de mis mejores amigas a verla, entre en la sala de cine esperando ver una buena película, pero salí de ella abrumado por la cantidad de sentimientos encontrados que despertó en mi este largometraje, supero infinitamente mis expectativas.

La historia nos pone en la piel de cuatro personajes principales, el primero, Diego (Guillermo Garcia) un hombre común y corriente fotógrafo y gay, a quien su vida le da una vuelta de 180 grados en un día cuando su hijo, quien no tiene conocimiento de la vida de su padre, se va a vivir una temporada con el. El segundo es Armando (Ignacio Montes), hijo de Diego quien se siente abandonado por su padre. El tercer personaje es Delirio (Hilda Abrahamz), una de las mejores amigas de Diego y que en su momento fue hombre, y el ultimo y no menos importante, Perla Marina (Carolina Torres) la otra mejor amiga de Diego, quien es abusada constantemente por su marido. Se puede decir que estos son personajes totalmente sólidos, que tienen su punto clave e importante en la historia, y que van madurando en la misma, pero mas allá de eso son personajes comunes, como cualquier persona de la vida real, y quizás sea ese el factor por el cual uno puede llegar a compenetrar tan fácilmente con ellos y vivir a través de la pantalla todas sus penas y alegrías, haciéndose inolvidables, es imposible salir de la sala sin recordar el “Mi nombre es Delirio del Rio, como Dolores, pero Delirio” o “De mi vida se podría hacer una boa constrictora de mil capítulos”. Sin embargo también existen varios personajes segundarios que enriquecen esta historia y que tienen su propio brillo hasta el punto de ser inolvidables.

De arriba a abajo: Ignacio Montes (Armando), Hilda Abrahamz (Delirio), Guillermo Garcia (Diego) y Carolina Torres (Perla Marina)

Sin embargo, Azul y no tan Rosa no solo cuenta con unos buenos personajes, sino con un buena historia, la cual esta tejida de diversas subtramas que se unen entre si; temas como la intolerancia hacia las diversidades, la relación padre-hijo, el maltrato a la mujer, los problemas de autoestima son solo algunos de los que toca este largometraje. Así mismo  puede ser una historia que en algunos momentos es predecible, como en otros momentos no, lo que hace que sencillamente no sepas que va a pasar en las siguientes escenas, quizás pase lo esperado, como lo inesperado.

Por otro lado la película cuenta con una producción realmente soberbia, desde el primer segundo te das cuenta que estas ante una producción a un nivel nunca antes visto en una película venezolana y que nada tiene que envidiar a cualquier otra del extranjero, una iluminación perfecta, puesta en escena, actuaciones y una banda sonora magistral, donde escucharemos temas de Melissa, hasta el tango Poema, junto a otras melodías llevadas principalmente por piano y violín que te sumergen y encajan perfectamente  con las escenas, haciendo de Azul y no tan Rosa un trabajo donde se nota que se cuido hasta el ultimo detalle, donde todo fue concebido como un rompe cabezas donde cada apartado encaja perfectamente con el otro para darnos un producto sencillamente homogéneo en todos los sentidos, sencillamente hermoso.

Azul y no tan Rosa se podría describir perfectamente como una montaña rusa,  donde habrán escenas que te hagan reír a carcajadas u otras donde te arranque las lagrimas. Es curioso ver también como Miguel Ferrari juega con el concepto trágico-divertido, haciendo que algunas escenas se conjuguen el humor y la tristeza para hacernos llorar, reír y volver a llorar sentiendo así emociones y sentimientos encontrados

Esta película marca sin duda un hito en las producciones venezolanas, se aleja de los tópicos que estas siempre nos tienen acostumbrado y lo hace de una forma perfecta, pero mas allá de eso, puedo decir que Azul y no tan Rosa marca también un hito en aquellas películas donde se pretende tocar el tema de la homosexualidad, y es que el cine gay tampoco tiene muchas películas  que uno pueda destacar, y es que tampoco se tienen historias que puedan ser originales, y aquellas que lo son son muy mal plasmadas de forma muy monótona y aburrida, pero eso felicito a Miguel Ferrari y Guillermo Garcia, por haber plasmado a Diego, un personaje homosexual que ante todo es humano, que no desentona, y que quizás es el mejor personaje gay que ha sido creado para una historia venezolana lejos de los típicos estereotipos llenos de pluma y lentejuela que son tan comunes, que no son malos, pero aveces las personas suelen asociarlos con el colectivo general. Azul y no tan Rosa nos deja un claro mensaje, seamos como seamos, todos somos humanos.

Quizás el único defecto de esta película es terminar… si, terminar… te queda un vació muy grande cuando vez que la historia que te envolvió y te hizo suya llega a su fin, quizás esa sea la razón por la cual  es común llorar al final de la película, porque ya no queda mas que levantarte de tu silla y aplaudir tan magnifico trabajo, y luego continuar normalmente con tu vida no sin antes tener que drenar y asimilar la carga emocional con la que te deja el film y agradecer por esas dos horas tan hermosas que vives junto a Diego, Armando, Delirio y Perla Marina.

Tu, si eres venezolano y estas leyendo esto, y no haz visto aun Azul y no tan Rosa, te invito a verla, no te arrepentirás. Aquellos que no son venezolanos, paciencia, quizas pronto vean en las salas de sus cines.

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